Ayer la nombró mi amiga S. La nombró y lo destaco porque no es un tema en el que me haya parado a pensar últimamente. Antes era cada dos días o tres. La pulsión de muerte siempre me recordaba esa caducidad inherente al ser humano.
Y pensé: estoy rodeada de muerte.
Tecleo: "X. artista muere/fallece". No hay respuesta de Google. "Venga tío, es del 23, es de la generación de Tàpies. TIENE QUE ESTAR MUERTO".
Tomo un par de volúmenes de la estantería y leo: "Nació en Oviedo (...) estudió (....) Medalla de (...) MUERE (no me importa cómo/solo/acompañado/en una cuneta". Muere y eso es lo que me importa.
Dejar todo atado. Para que los hijos no se preocupen, no se peleen, para que sólo se tengan que repartir el dinero. Están vivos pero hablan desde los muertos.
Estornudo. Hoy estornudo más que otros días. Hay mucho polvo, arañas y pelusas entre las volutas de los marcos, en las maderas de los bastidores, en la vuelta de los lienzos. Hemos limpiado la casa. Hay las paredes de una casa aquí. Ahí el paisaje que compró en esa tiendita de París, ahí el porfinloencontré. Y ahora están, de espaldas y mudos, castigados mirando la pared.