lunes 9 de noviembre de 2009

Medias enteras

Inicio sin término. Con el tiempo y bastante tesón aplicado a girar pies. Sin embargo: acabé la escuela porque nunca fui de hacer novillos. Acabé la carrera porque no tenía nada mejor que hacer.

El dibujo lo dejé porque me hice mayor. Porque me agarró la pluma bien fuerte y no tenía más manos para los Alpino. Porque ya no fui a clases de dibujo y no podía sostener más una afición.

El deporte lo dejé porque sudaba y nunca me han sentado bien los pantalones cortos. Porque se ponía serio y yo no era lo demasiado buena como para responsabilizarme de mí misma.

El teatro lo dejé porque el siguiente paso era muy grande y no quería ser actriz sino parecerlo.

Dejé de querer ser Diane en el mismo instante en el que me miré al espejo y vi que tenía caderas, la piel tostada y el cabello limpio y con volumen. No nos engañemos, no se puede ser musa de crooner con un aspecto saludable.

Y no he dejado de fumar porque ni siquiera he fumado. Si no, ya lo habría hecho.



domingo 4 de octubre de 2009

Escala heptatónica

Para llegar a dar las notas cuando se afina un instrumento como es la voz, es imprescindible escucharse a uno mismo. Esto no significa tener la capacidad auditiva para poder escuchar la propia voz. Ni siquiera se requiere de una grabadora. Lo verdaderamente importante es escucharse a uno por dentro, tal como resonamos en la cabeza. Y entonces saber identificar esa resonancia con las normas establecidas de vibración de onda para cada una de las notas de la escala heptatónica.

Se requiere un duro entrenamiento para poder asociar sonidos tan dispares como son las notas en la caja de resonancia de la cabeza con aquellos emitidos por cualquier otro instrumento y sirven de referencia para la imitación.

De este modo, dos elementos que nuestra propia conciencia y sentido común colocarían en lugares distintos, ocupan, en el orden de cosas que son la música, un mismo lugar. Aceptando que elementos interiores y elementos exteriores o ajenos puedan confluir y poder ser asimilados con mayor facilidad.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Camas elásticas

Una vez comí tantos macarrones y con tanta ansia que, por la noche, me encontré tan mal que vomité y salían los macarrones casi enteros. Lo más extraño es que siendo tan pequeña, me puse a vomitar en el lavabo, en vez de en el váter. Un lavabo azul. Retro como él sólo. Como sólo hay en los apartamentos de la playa. La abuela cogió entonces un colador pequeño de aluminio y mientras me sujetaba la cabeza movía con soltura el colador para cazar los macarrones.
En la playa también iba a las camas elásticas. Sí, eso era antes de que le cogiera asco a sudar. Antes de cenar salíamos a dar una vuelta por el paseo marítimo, con el vestido nuevo de ese verano y las alpargatas a juego. Aunque fuera el mismo ritual de todas las noches, 15 días seguidos, aún así, la emoción crecía a medida que caminábamos junto al mar. Los coches que se movían con pesetas, los coches de choque, las pequeñas atracciones y, por fín, las camas elásticas. Un momento de felicidad solitaria. La sonrisa perenne en los labios, el saludo de mis abuelos al otro lado de la malla. Saltar, saltar y rebotar. Un movimiento simple. Pero todavía me acuerdo

viernes 28 de agosto de 2009

De borradores y caminos

Dicen los últimos estudios que soy concienzuda. Y que me caracterizo por la adoración a las líneas rectas.
DIVERGENCIA
RESOLUCIÓN
IRREVERSIBLE
Por eso aquel final del verano fua tan inusual. Con todas las tareas finalizadas, sólo me quedaban unos meses para dar por sentada mi vocación. Un curso por delante. Igual que el anterior.

Sexo. Amigos. Rutina asegurada. Una lista de signos de aprobación que pavimentaba mi concienzudo camino.

De la nada salió la balanza. New York, creía yo, había sido arte. Qué equivocada estaba. Cocorosie vino a tambalearlo todo. Y a ponerme en una encrucijada.

Mi concienzuda cabeza sopesó. Calculó. Y decidió. Y volvió atrás.

Temía entonces rescribir. Vamos, aún no había acabado de borrarme y ya tenía que empezar a categorizarme. De ahí sólo podía salir un borrador. Y además, de los malos.

Mi concienzuda cabeza sopesó. Calculó. Y decidió. Y volvió atrás.

Tan pavimentado. Ese camino bien marcado era mucho más atractivo. No era emocionante pero sí seguro.

Mi concienzuda cabeza sopesó. Calculó. Y decidió.

Una banda sonora merecía la pena un borrador.

miércoles 29 de julio de 2009

Cuestionario

En la primera cita con la psiquiatra me dieron a la salida un cuestionario. Lo más parecido a cuestionarios que he hecho son los test de la asignatura de economía de 1º de bachillerato y los del Cosmopolitan que relleno con amigas eventuales. Los primeros casi me cuestan mi primer suspenso en la historia de mi vida académica. Los segundo son tan difíciles de responder que muchas veces dejo que los demás escojan para coger la opción más votada.

Este cuestionario era de verdadero y falso. Aseveraciones sobre ti mismo. Verdadero o falso. Me lo leí en el metro, con un lápiz en la mano, esperando a acertar certeramente una detrás de otra. Llegada a la pregunta 20 con el lápiz en la misma posición inicial, pensé si no debería llamar a la psiquiatra al llegar a casa para decirle que me presentaba a la repesca de Septiembre. Que yo tenía pensado contarle lo de que no sabía nada de mí misma en una de sus sesiones. Que ni de lejos iba a ser capaz de contestar a esas preguntas.

El test paseó Madrid muchas veces. Nunca pensé en que la gente en el metro lo miraría extrañados, ni que cabía la posibilidad de que alguien ajeno a mis visitas a la psiquiatra, pudiera averiguar algo. Al contrario, examiné semejante desafío a mi mente durante muchos viajes. Intentando descifrar imágenes de mi vida que me dieran la clave. Una pauta definida para cada una de las afirmaciones. Siempre pasaba lo mismo: aunque tuviera clara la historia, no llegaba a dar con la moraleja.

Pensé entonces en preguntar a alguien, alguien que en su posición de observador pudiera darme esas verdades como puños que me etiquetaban. Pero entonces tendría que haber revelado el motivo.

Aunque ahora que lo pienso, no sé si me daba más vergüenza confesar el verdadero motivo de mis visitas a la psiquiatra o confesar, delante de cualquier adulto, que no sabía quién era.

domingo 26 de julio de 2009

Dianespotting

Dianespotting. Así firmo siempre que entro en Internet. Cuando soy yo como novedad, sin referencias de amigos, sin pasado y sobre todo sin modelo que cotejar.

Diane, la colegiala desbocada que conquista a un Renton que esa noche hace el papel del mas vulnerable. El vestido corto de lentejuelas y la pose de lolita curtida en todas las lides. Y en el fondo buscando algo de atención. Perdida aunque lleve escrito en la frente la palabra determinación.

Diane está como todos los personajes. Sentada en el andén, viendo como el resto del mundo gira y se mueve sin llevárselos de su posición estática de meros observadores. Autoconvenciéndose de que su papel es mucho más valiente que seguir la corriente.

jueves 16 de julio de 2009

De lo profundo y lo aprendido

No sé si es más profundo lo que he aprendido a base de mirarme al espejo que lo que siento visceralmente.
Entiéndase profundo como lo que permanece. La base que sostiene la estructura. Lo que no se revela a no ser que se hurgue con un palito y muy malas intenciones.
Respecto a ESE tema.
Ya sabes, el odio visceral y gitano. Un ojo por ojo cruel que me haga dormir por la noches sin remordimiento de conciencia.
Y también la lección aprendida. Una ristra de frases hechas que suavizan la garganta cuando surge un enorme porqué que casi me atenaza la respiración. Y me duermo acurrucada pensando que es mejor antes porque ha sido menos doloroso. Un tiempo posterior me habría tenido viviendo en cantos de sirena.
Entonces lo profundo ¿qué es?, ¿lo que queda como lección o lo primero que salió removido con toda la insidia del mundo?