martes 16 de junio de 2009

Algunas noches sueño contigo

Hoy he soñado contigo, y era un sueño muy raro. Intentaré reproducirlo pero hay tanta distancia. Puede que haya alguna ayudita para hilvanar los acontecimientos.

Yo estaba en lo alto de una escalera. Una sospechosamente parecida a la del Círculo de Bellas Artes. Creo que iba bien vestida, algo como un vestido sencillito de esos que quedan como un guante y tampoco tienen demasiada decoración. Minimal sexy del caro.

Había mucha gente, pero no era una fiesta. Gente como si fuera una manifestación. Vaya tontería, un gentío vestido de bonito rellenando los baldosines del Círculo.

Y tú estabas en uno de los descansos de la escalera. Con un vestido corto negro. No se cómo explicar esto pero tenías pinta de italiana. Nos veíamos y nos mirábamos. Sin nada en la mirada. Como si el otro par de ojos fuera un objeto inanimado. Me puse muy nerviosa. Saludar; no saludar; alegría; resquemor. Y a todo esto, yo escaloncito va y escaloncito viene, bajando la escalera cual Scarlett O'Hara. Muy tenso, tan tenso que si soñara con banda sonora ahora vendrían los violines chirriantes.

Al llegar al punto de pasar por tu lado tu me parabas con el brazo extendido y la mano abierta. Yo me intentaba zafar. Y me mirabas como antes, sin expresar nada. Me apretabas el estómago clavándome los dedos que parecían garras. Se me hundía el vestido, la carne y sentía dolor (figurado, nada real, simplemente deduje que si me estaban haciendo daño debería doler). Balbuceaba algo parecido a "pero, pero". Y el resto del mundo sin inmutarse.

Y a partir de ahí no me acuerdo de nada más

domingo 31 de mayo de 2009

Estrategia del escarabajo

Huir, huir hacia delante con la mirada puesta en el pasado. El cuello girado. Los pies mirando al frente.
Corriendo así para alcanzar el siguiente mes. El siguiente año. Corriendo de esta manera, es normal que me pegue la leche del siglo.

domingo 26 de abril de 2009

Entrada no apta para hombres

Todas las niñas sueñan con su boda. Y juegan a casarse, a ponerse el vestido blanco y desfilar con una cola muy larga siendo el centro de atención. Las flores, los invitados, el lugar. Incluso la negación de una ceremonia podría considerarse haber soñado con la boda.

Yo nunca soñé con mi boda y he llegado a la conclusión de que puede ser por dos motivos: por ausencia de referentes y porque he llegado a imaginar casarme, pero no mi boda.

Lo primero se debe a que mis padres se casaron por el juzgado cuando aún era época masiva de la Iglesia, un día entre semana y con una celebración en un restaurante que ahora no existe, en la castiza Plaza de la Paja. Y mi madre se casó de blanco, porque si no, mis abuelos no iban a la boda. Eso sí, con un magnífico traje de chaqueta.

Lo segundo siempre lo he pensado, con absolutamente todos los hombres que han ocupado mi cabeza durante bastante tiempo. Incluso con los que no quise nada serio. Pero nada, nada de flores, ni de invitados, ni disposición de mesas.

Lo curioso es que esta tarde he pensado que no quiero vals, que quiero bailar esta

martes 31 de marzo de 2009

Pautas de sueño

Las pautas de sueño se definen, generally speaking, como los hábitos que cada uno tenemos para dormir. Los hay de sueño ligero que se despereza por la mañana y los hay de sueño lejano que nunca llega salvo con el día. Yo puede que esté entre medias o en una combinatoria caótica que incluye ambas opciones, y generalmente al mismo tiempo, en el mismo periodo.
Las estaciones estancas de mi vida se definen por estos momentos de sueño caótico. Una noche 3 horas, la siguiente 12, una siesta demasiado larga, un correr de un lado a otro y un día de pijama.
La verdad es que cuando vuelven los periodos de sueño combinatorio los reconozco como pautas, pero ninguna de las veces que han regresado he podido acordarme de por qué lo hicieron la última vez.
Lo bueno es que sí sé por qué lo hacen esa vez que me mantienen despierta wandering about...

jueves 26 de febrero de 2009

París no vale una misa

Está tan lejos que ni mi imaginación puede rozarla. Una mañana estaba al final del camino, y aquella miasma tarde ya había desaparecido, como borrada del mapa. Un hueco en l'Île de France que ni siquiera se aprecia en su ausencia.
París es sólo la ciudad de la Maga, y como tal, se yergue exclusivamente entre líneas. Recorridas sus calles de manera bohemia, París no es más que niebla y frío en los huesos. Más de ajenjo que de azúcar de repostería. Ni destino artístico, ni luz impresionista. La grande jatte y la joie de vivre, habitantes de universos paralelos y, si acaso, formas de vida tan extrañas como la de comerse el cerebro de los enemigos.
Puedo morirme sin ver París y aun así, moriré tranquila

viernes 30 de enero de 2009

Once too often

Suena Ella Fitzgerald en la gramola. El pequeño bracito rasga las pistas
grabadas en el vinilo con mucha lentitud y delicadeza, casi como si sólo
quisiera rozarlas.

Este verano en La Habana hace demasiado calor. Incluso con las persianas
bajadas para que sólo se cuele una línea de sol, incluso con el ventilador
de techo silbando, no puedo evitar coger mi pañuelo de lino para secar una
gota indiscreta que me resbala desde el cuello hacia el escote.

Me he puesto lo más fresco que he encontrado: una bata de seda cruzada
sobre la cintura. Aunque sé que a mi marido no le gusta que no lleve ropa
interior cuando me quedo sola en casa, hoy ha sido inevitable saltarme sus
reglas. Por mi mente pasa fugaz la idea de encargar al servicio una bañera
con agua muy fría pero al punto me doy cuenta de que el último hielo picado
está dentro del vaso de dry gin sobre mi mesa.

¡Ring.....Ring!: hasta el teléfono suena perezoso (me pregunto quién será
aunque probablemente sea para mi marido). Descuelgo el auricular y si no
llega a ser porque tengo detrás de mi la butaca de enea, me hubiera caído
al suelo al oir de nuevo esa voz. La última vez que nos vimos en Londres yo
llevaba un traje de tweed ceñido a mis huesos y él una gabardina que le
hacía aún más masculino. Desde entonces yo había puesto mucha tierra y agua
de por medio. Ahora estaba a escasos metros de mi casa, llamando desde una
cabina. Me acerco a la ventana y desplazo con mis dedos una de las rendijas
de la persiana; lo suficiente para dejar de hablar durante unos segundos.

Por arte de magia me veo recostándome en la chaise longue del despacho
y sacando una pierna hasta más arriba de la rodilla de debajo de la bata.
Tomo distraídamente el dry gin de la mesa y el periódico del día.

Suena la puerta de manera decidida. La gramola acaricia el surco de Once
too often.

miércoles 7 de enero de 2009

Regalos de Reyes

Uno era de Prada(seguro) y el otro era bueno pero sin identificar. Ahí, tirados en el césped y abiertos. Pero colocados como si sus dueñas hubiesen estado hasta hace unos instantes tomando un piscolábis. Como se dejan las bolsas de playa en la hierba de la piscina: aludiendo a la forma de los dueños.
Eran bolsos robados y abandonados.
Y no habría sido todo tan absorbente si no fuera 7 de enero.
Porque....
Sí, significa que los robaron el Día de Reyes
¿Quién es tan desalmado como para robar el Día de Reyes...





O para partir un corazón?