Cuando los americanos se lanzaron a la conquista del Oeste ocurrieron muchas cosas pero hoy voy a hablar de una: descubrieron que el tiempo no es el tiempo sino los tiempos. Que las legañas son un sol que pica sin que las manecillas se hayan movido.
Raparon cabezas y se batieron en duelo a las 12 de la mañana. Pero también tendieron los raíles de una línea de ferrocarril que certificase su conquista del inhóspito territorio. Y se comunicaban para certificar que estaba todo OK (corral). Y en eso que se dieron cuenta de que no había tiempo sino tiempos simultáneos que se solapaban.
No hay evoluciones sino medios capítulos que se escriben en canon y cuyas líneas melódicas serpentean para hacerse las principales hasta decaer en la voz de base. El pasado convive con el presente y lo que es lícito y lógico en este punto del camino puede que no tenga cabida en el mismo momento pero con distinta luz del sol.
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